París Brest París 2023 con Sergio Domene

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Paris Brest Paris 2023 con Sergio Domene

La París-Brest-París: la madre de todos los brevets

La París-Brest-París (PBP) es, para muchos, la prueba de larga distancia más mítica del ciclismo de carretera. Un recorrido de algo más de 1.200 kilómetros entre París y la costa oeste de Francia, pasando por Normandía y la Bretaña hasta alcanzar Brest, para luego regresar de nuevo a las afueras de la capital francesa.

Desde hace décadas se celebra cada cuatro años y reúne del orden de 7.000 participantes procedentes de cinco continentes y más de 70 nacionalidades. No es una marcha cicloturista al uso: es un Brevet Randonneur Mondial (BRM) organizado bajo las normas del Audax Club Parisien, con un tiempo máximo —habitualmente 90 horas— para completar la distancia.

Para estar en la línea de salida, como hizo Sergio Domene en 2023, no basta con inscribirse: es obligatorio clasificarse previamente superando varias brevets homologadas de distintas distancias (200, 300, 400 y 600 km). Sólo entonces se abre la puerta de la París-Brest-París.

Una randonnnée en la que sólo existe lo básico

Durante la PBP, la vida del ciclista se reduce a cuatro verbos:

  • pedalear
  • comer
  • dormir
  • beber.

Lo demás desaparece. Es una prueba en la que se sufre y se disfruta a partes iguales, en la que se lleva el cuerpo al límite físico y emocional… y se le obliga a mantenerse ahí día tras día.

En ese escenario, cada participante descubre hasta qué punto le gusta de verdad el ciclismo. Para algunos, como bromea Sergio Domene, es el momento en el que confirmas que amas la larga distancia… o la acabas odiando para siempre.

Sergio Domene, un randonneur español en la PBP 2023

Clasificación a base de brevets homologadas

Sergio Domene llegó a la París-Brest-París 2023 como lo hacen todos los randonneurs: ganándose el dorsal en la carretera. Para poder tomar la salida tuvo que completar, en la temporada previa, una serie de brevets homologadas de distintas distancias, sumando horas de sillín, noches sin dormir y miles de metros de desnivel.

Esas brevets previas no sólo sirven como filtro para el evento francés, sino también como un entrenamiento perfecto de ultraciclismo: obligan a probar material, estrategia de alimentación, gestión del sueño y, sobre todo, cabeza.

Un objetivo claro: menos de 75 horas

Aunque el tiempo máximo para muchos participantes es de 90 horas, Sergio Domene se marcó un objetivo bastante más ambicioso: terminar por debajo de las 75 horas. Lo consiguió, y eso le dejó muy satisfecho con su rendimiento, tanto a nivel físico como mental.

Preparativos de Sergio Domene para la PBP: nutrición, equipaje y bicicleta

Cómo iba montada la bicicleta de Sergio

Sergio afrontó la Paris Brest Paris 2023 con una configuración de ciclista randonneur puro, pensando más en la autonomía que en el peso mínimo:

  • Bolsa delantera:

    • Bocadillos (uno de chorizo, otro de salchichón y otro de queso).

    • Hasta 16 geles energéticos.

    • Bolsas de gominolas/jaribos para ir picando.

    • Powerbank para cargar Garmin, luces y teléfono.

  • Bolsa trasera:

    • Ropa de recambio y capas térmicas para la noche.

    • Herramientas básicas, dos cámaras, hinchador.

    • Dos cartuchos de CO₂ y adaptador.

    • Sistema de iluminación con doble foco delantero (para alternar y cargar uno mientras usa el otro).

    • Dos luces traseras, indispensables para la seguridad en la noche francesa.

Todo pensado para ser autosuficiente entre controles, con la tranquilidad de poder resolver casi cualquier imprevisto mecánico o energético en ruta.

Estrategia de alimentación e hidratación

Una de las claves del éxito de Sergio Domene en la París-Brest-París 2023 fue su disciplina a la hora de comer y beber:

  • Comer en cada punto de control:
    En todos los controles oficiales aprovechó para ingerir comida sólida: pasta, carne, pescado, plátano, bollería… aunque en ocasiones no tuviera hambre real. Sabía que, en la ultradistancia, lo que no comas a tiempo lo pagarás horas después.

  • Llegar siempre con el bidón vacío:
    Como norma personal, Sergio se exigía llegar a cada control con el bidón vacío, señal de que había ido bebiendo de forma constante. En seguida recargaba agua y, cuando era posible, complementaba con refrescos o bebidas calientes.

  • Dormir “donde puedas y cuanto puedas”:
    Entre controles, su filosofía era clara: si el cuerpo pedía apagarse, había que escucharle. Dormir un rato en un pabellón, en una litera improvisada o en una silla puede marcar la diferencia entre seguir sumando kilómetros o quedarse bloqueado.

La salida de París-Brest-París 2023 con Sergio Domene

Controles previos y ambiente en la cola de salida

Antes de llegar a la línea de salida, Sergio Domene y el resto de participantes pasan un control técnico en el que se revisan elementos obligatorios como chaleco reflectante y luces. Superada esta inspección, toca colocarse en la cola del grupo de salida correspondiente.

Sergio lleva el dorsal H332, ya que la organización divide a los participantes en oleadas identificadas por letras (A, B, C, D, F, G, H, etc.), lo que ordena la salida y reparte el tráfico en las primeras horas de prueba.

Un pelotón realmente internacional

En la zona de salida se respira un ambiente totalmente internacional. Sergio charla con otros ciclistas españoles, con randonneurs de Cataluña, con participantes que vienen desde Los Ángeles (Estados Unidos), con ciclistas de Vietnam y de otros rincones del mundo.

La París-Brest-París 2023 con Sergio Domene es, ante todo, un encuentro global: 71 nacionalidades, culturas distintas, pero un objetivo común.

Primera noche de la París-Brest-París 2023: 200 km hasta el primer control

Avituallamiento intermedio antes del primer sello

Tras el pistoletazo de salida, llega la primera noche de pedaleo. Sergio acumula kilómetros hasta llegar a un punto de avituallamiento (no oficial como control de sello) donde reposta rápidamente: algo de comida, bebida… y de nuevo a la carretera. El primer checkpoint oficial está aún a unos 80 km.

Kilómetro 200: primer control y primera victoria mental

Sobre la una de la madrugada, Sergio alcanza el primer punto de control, situado aproximadamente en el kilómetro 200. Es un momento clave: primer sello en la tarjeta de brevet, primer examen superado a tiempo.

Allí se permite un pequeño premio:
chocolate caliente, Coca-Cola y un cruasán.
Comida sencilla, pero con un efecto anímico enorme. A partir de ese momento la idea se consolida: esto ya va en serio.

Rumbo a Bretaña: controles, amanecer y llegada a Brest

Segundo control en el km 293: todo bajo control

El siguiente control llega en torno al kilómetro 293, y Sergio Domene comenta que siguen “yendo de cine”, rodando sin apretar en exceso, guardando fuerzas para lo que aún queda por delante. La noche avanza y, hacia las cinco de la mañana, la luz empieza a cambiar: pronto amanecerá sobre Normandía y Bretaña.

Kilómetro 354: desayuno de randonneur

En torno al kilómetro 354, Sergio se detiene a desayunar con otros compañeros de ruta: pan, embutido, algo dulce, café… El randonneur se alimenta tanto del combustible físico como del apoyo de los demás. Entre bromas y estimaciones de hora de llegada a Brest (unos calculan las 19:00, otros las 21:00 o 22:00), retoman la marcha.

En cada control, la tarjeta de brevet de Sergio se va llenando de sellos y horarios: 1:00, 4:37, 7:41, 11:15… Una cronología precisa de su avance hacia la costa atlántica.

Lado a lado con el arco de Brest: media PBP en el bolsillo

Después de muchos kilómetros, repechos, viento y cambios de temperatura, Sergio Domene llega por fin a Brest, el punto de giro de la París-Brest-París. Allí detiene el tiempo, come, descansa lo justo y empieza mentalmente la “segunda etapa”: la vuelta a París.

Sale de Brest de madrugada, alrededor de las 5:30, con la idea de encadenar una tirada de algo más de 300 km hasta el siguiente gran control. El contador ya roza los 700 km, pero aún queda mucho que contar.

Vuelta hacia París: Normandía, controles secretos y sueño acumulado

Controles secretos y ambiente en los pueblos

En el camino de vuelta, Sergio se encuentra con los llamados “controles secretos”: puntos no indicados en el roadbook donde la organización verifica que los ciclistas han seguido el recorrido correcto. Un sello más en la tarjeta, una prueba más de que todo va según lo previsto.

Los pueblos siguen volcados: la gente sale a la calle, coloca mesas, ofrece agua, fruta y ánimo a los randonneurs. En algunos puntos, la concentración de ciclistas es tal que los controles están “a rebosar”.

Kilómetro 596, 700, 1025… el cuerpo empieza a pasar factura

Con más de 600 y 700 km en las piernas, Sergio comienza a cambiar cadena, revisar material y cuidar cada detalle para evitar problemas mecánicos. El cansancio se nota: reconoce que la bicicleta, el recorrido y los ritmos “le suenan ya” de tantas horas repetidas de esfuerzo.

En torno al kilómetro 1.025, la situación se vuelve más exigente:
Sergio tiene sueño, pero no hambre. Aun así, se obliga a comer: un plato de pasta con carne picada, plátano, algo de pescado… Sabe que la única forma de seguir con opciones de terminar por debajo de 75 horas es alimentar el cuerpo, aunque el cuerpo no lo pida.

Por delante, una idea clara:

quedan 200 km hasta meta, una “brevet 200” más.

Gestión de luces, sueño y dolor en la París-Brest-París 2023

Doble foco delantero y dos luces traseras para la noche

El sistema de iluminación de Sergio Domene es clave para su rendimiento nocturno:

  • Dos focos delanteros que va intercalando: mientras uno ilumina, el otro se está cargando con el powerbank.

  • Dos luces traseras para asegurar visibilidad en todo momento.

  • Chip de cronometraje en la bicicleta para el registro automático de paso por los puntos intermedios.

La noche, con el cansancio acumulado, hace que la cabeza se le vaya hacia adelante al apoyar sobre el manillar. El dolor de cuello y la fatiga general son ya parte de la ecuación.

Dormir poco, pero dormir

En la fase final, Sergio acumula más de 1.100 km y reconoce estar “fundido”. Ha dormido muy poco y siempre de forma fragmentada. Cada micro-sueño, cada power nap, es una inversión en seguridad y lucidez.

Aun así, el objetivo de bajar de las 75 horas le mantiene enfocado: sólo queda apretar los dientes, gestionar el sueño como se pueda y seguir sumando kilómetros hasta ver el arco de meta.

Últimos kilómetros y llegada a meta de la Prís-Brest- París

Ver el cartel de París: ya no hay marcha atrás

En los últimos kilómetros, Sergio Domene se cruza con otros ciclistas españoles y de distintas regiones (Euskadi, Asturias, etc.), todos igual de cansados y con el mismo deseo: llegar.

En un momento clave, el grupo ve un cartel: “París 45 km”.

çSergio calcula que quedan aproximadamente una hora y tres cuartos. Es el último esfuerzo de una aventura que ya suma alrededor de 1.200 km.

Últimos 500 metros: la machada está hecha

Los últimos 500 metros son una mezcla de dolor, emoción y alivio. Sergio reconoce que llega “totalmente reventado física y anímicamente”, pero también con la satisfacción inmensa de haber completado la París-Brest-París 2023 dentro de su objetivo de tiempo.

Cruza el arco entre aplausos, escuchando un “Enhorabuena, campeón” en español que, después de tantas horas oyendo idiomas distintos, suena a gloria.

Medalla al cuello, comida caliente de verdad, abrazos con otros randonneurs y un pensamiento claro: ha merecido la pena.

Lo que significa la París-Brest-París para Sergio Domene

Un laboratorio de valores y límites personales

Para Sergio Domene, la Paris Brest Paris 2023 ha sido la experiencia más dura que ha afrontado jamás sobre la bicicleta. Una prueba en la que sólo se piensa en pedalear, comer, dormir y beber, en la que se convive con el sufrimiento y el disfrute a partes iguales, y en la que el cuerpo se mantiene durante días en un estado límite.

En ese contexto se refuerzan valores como:

  • La constancia.

  • La disciplina en la alimentación e hidratación.

  • La humildad frente a la distancia y el terreno.

  • El compañerismo entre randonneurs de todo el mundo.

Y, sobre todo, se despeja una duda: si de verdad te gusta el ciclismo de larga distancia… o si lo vas a odiar para siempre.

Una recomendación para quienes aman la larga distancia

Sergio Domene lo tiene claro: para cualquier ciclista de larga distancia, hacer la París-Brest-París al menos una vez en la vida es algo muy recomendable.

No es una prueba de moda ni un simple reto para lucir en redes sociales. Es un viaje al corazón del ultraciclismo de carretera, una escuela brutal de gestión física y mental, y un recuerdo que acompaña al randonneur para siempre.

La Paris Brest Paris 2023 con Sergio Domene no es sólo una crónica de 1.200 km; es la historia de un ciclista que decidió llevar su pasión hasta el límite… y descubrir, al otro lado del cansancio, que el amor por la larga distancia era todavía más grande de lo que imaginaba.

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